Heartstopper: la ansiada y por fin conseguida visibilidad de las diferentes identidades sexuales
- Elia Montoya

- 2 mar 2023
- 3 min de lectura

Elia Montoya
“Un ‘lo siento’ no compensa todo lo que dijiste. Así que felicitaciones por tu increíblemente difícil descubrimiento de que las personas homosexuales realmente tienen sentimientos y tienen una vida agradable”. Parece mentira que hayamos tenido que esperar hasta el año 2022 para poder escuchar este potente y directo reclamo en una serie para adolescentes. Estamos cansados de ver los mismos clichés sobre las personas del colectivo LGTBIQ+ en la industria cultural: personajes secundarios sexualizados o simples espectadores de la trama romántica principal. Es aquí donde reside la importancia de la existencia y eminente popularidad de Heartstopper, la nueva producción de Netflix que rompe estereotipos y describe lo que todos ya sabemos, pero que nadie ha querido contar antes: que las relaciones sanas existen y no todas ellas son heterosexuales.
El emisor de la citada frase es nada más y nada menos que Charlie Spring, un adolescente de catorce años recién cumplidos que manifiesta su identidad sexual sin ningún tipo de miedo y hace frente a los prejuicios y discriminaciones que puede encontrarse en su vida como estudiante de instituto. Con el apoyo incondicional de sus amigos y familiares y poniendo el foco en la salud mental, va descubriendo sus primeros amores y desamores de una manera natural, objetiva y sin ningún atisbo de sexualizar el personaje. Da rabia pensar que estamos más acostumbrados a tramas que se basan única y exclusivamente a series con relaciones puramente físicas y con escenas explícitas e innecesarias como Élite. La sociedad necesitaba encontrar un ejemplo de un amor joven no enajenado o desmesurado de pasión que fuese más allá de lo provocativo.
El éxito de haber plasmado esta historia de típicos chicos de instituto, pero con problemas e inquietudes reales, reside en el guion base, en ese primer vestigio de sencillez y creatividad. Heartstopper es en primer lugar una novela gráfica creada e ilustrada por Alice Oseman. Esta autora forma parte de manera activa en el colectivo LGTBIQ+ y siempre ha mostrado en sus proyectos una total diversidad e inclusión de todos sus integrantes. Ha decidido alejarse de todos esos estereotipos que les rodeaban y les ha permitido ser los protagonistas de sus propias historias. De hecho, como ha confesado su director Euros Lynn, en el mismo proceso de casting para la serie ha existido esa representatividad de la población y han buscado a personas que coincidiesen con la identidad sexual de los personajes.
Llevamos mucho tiempo ansiando disfrutar de este bonito y acertado concepto de cómo de importante es reflejar una sociedad real, llena de diferencias y contrastes. Que el amor se basa en entender a tu pareja y apoyarla en todo momento partiendo desde su propia concepción como persona. Que da igual que estés en la pubertad o vayas a cumplir los 40, porque el respeto y la sensibilidad debe ser ese faro que te guíe en tus relaciones sociales. Que todo el mundo debe ser el protagonista de su propia historia y nadie merece ser opacado.
Heartstopper es esa serie que ha embriagado de felicidad a todo aquel que haya tenido el placer de visualizarla. La tierna relación de Nick y Charlie es el sueño que muchos adolescentes ansían conseguir en algún momento de su vida. Aunque su aparente público objetivo sean los integrantes de la generación Z, esta producción ha traspasado la piel y el corazón de aquellos que crecieron sin este tipo de referentes. Los millenials y el resto de grupos de edad (desde el año 1996 y anteriores) se han apropiado de la narrativa de esta producción y la han convertido en suya. Qué importante es dar una completa y no prejuiciada visibilidad a todas las personas. Solo al derribar esas barreras estandarizadas logramos crear esa chispa de magia que tanto escasea, dejar un legado valioso para el futuro y un ejemplo vigente de narraciones que marcan la historia cinematográfica.



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