top of page
Buscar

Todo lo que tuvieron que brillar las estrellas para convertirse en ciudad

  • Foto del escritor: Elia Montoya
    Elia Montoya
  • 9 mar 2023
  • 3 min de lectura


Artículo de Elia Montoya


Unos jóvenes durante su etapa universitaria empiezan a tener una idea sobre un proyecto novedoso, que puede revolucionar el mundo y enamorar a millones de personas. Les parecía una utopía, casi se diría que un sueño, pero con su pasión inagotable creían que podría ser posible. Solo les faltaba financiación y un equipo que les ayudase a seguir adelante. Aunque parezca mentira, no estamos hablando de Zuckerberg y su imperio de Facebook (ahora renombrado como Meta), sino de una de las películas más influyentes y comentadas en la última década.


Por casualidad o destino que dirían muchos, Damien Chazelle y Justin Hurwitz idearon en Harvard una cinta que invita a soñar con los ojos abiertos, que juega con la magia del cine dentro del propio cine y utiliza ese metalenguaje para contar a través de las diferentes estaciones del año una historia de amor plena, cruda y real. Chazelle cogió las riendas del guion, Hurwitz de la música y con su primer borrador por bandera lograron encontrar dos patrocinadores financieros y un productor que estaban dispuestos a invertir un millón de dólares. Y resaltamos la palabra invertir porque a medida que los cambios de guion se iban sucediendo, retiraron su oferta al ver que esa inversión no les resultaría rentable. Al fin y al cabo, ¿quién iba a estar interesado en un innovador musical en los 2010?


Sin embargo, los dos amigos siguieron creando juntos y lograron un rotundo éxito con Whiplash (2014). Esta descarnada historia de un batería profesional y su maníaco profesor llegó al alma de crítica y audiencia. Logró que el hipnótico y complejo proyecto inicial resucitase con el estudio cinematográfico dispuesto a arriesgarse con un presupuesto cercano a los 30 millones de dólares. Esa era su oportunidad de tocar el cielo y eclipsar a los astros que se encuentran en él. Y lo decimos literalmente, ya que gracias a ese dinero pudieron alquilar el mítico Observatorio Griffith de los Ángeles para el rodaje (un día completo de alquiler allí cuesta 10 mil dólares). Esa quimera universitaria iba a compartir localizaciones con películas tan icónicas como Rebelde sin Causa (1955) o Terminator (1984).


Here's to the fools who dream

Pero el verdadero reto no era encontrar los lugares idóneos donde contar la epopeya de una relación llena de pasión y ambición, sino en cómo plasmarla a un género tan estigmatizado y denostado por un gran porcentaje de la población y, sobre todo, de la crítica más purista del cine. Por ello, Chazelle y Hurwitz tomaron de referencia a dos grandes que transformaron la industria del cine gracias a sus innovadoras técnicas. La esencia de los musicales debe residir en sus bailes y canciones y el director Jaques Demy logró convertirse en un mentor para ambos con películas como Los Paraguas de Cherburgo (1964) y Las Señoritas de Rochefort (1967). En ellas creó escenas que tantos han querido imitar, pero que tan pocos han alcanzado perfilar.


A esas originales coreografías les faltaba un toque de dinamismo y complejidad, ese “algo” que hace que te enamores a simple vista de ellas. En ese momento se dieron cuenta que la maestría a la hora de mover la cámara del fotógrafo Max Ophüls les ayudaría a registrar unos planos tan cuidados y novedosos en el género musical. La imitación de alguna de sus nociones se tradujo en lograr que la propia cámara se sintiese melódica, como una bailarina más que comparte escenario con los protagonistas sin interponerse en su camino.


Con esas máximas en mente, Chazelle logró explotar su idea hasta la escena final de la película. El tan criticado, y poco entendido por muchos, plano secuencia del desenlace de esta historia entre dos amantes que pusieron sus sueños profesionales por encima de la otra persona. Ocho minutos sin diálogos y centrados puramente en la imagen, la partitura y la danza que fusionan esas aspiraciones de Mia y Sebastian y la posibilidad de ese futuro juntos. El apogeo de las decisiones no tomadas, de la incertidumbre a la hora de tomar las riendas de tu vida, de los tantos “¿y si?” que nunca llegaron a puerto.


¿Y por qué eligieron ese final tan triste con la historia tan bonita y pura que venían contando desde los instantes iniciales del filme? ¿Por qué estropean el sentido de la magia y la luz de Los Ángeles con ese trágico colofón? Pues la respuesta te la puede dar los propios versos de alguna de sus canciones más famosas. Ya lo grita la propia Mia en su casting final para el que fue el papel de su vida como actriz: “Esto es para aquellos tontos que sueñan, locos como parecen estar/Esto es para aquellos corazones que se rompen, para todo el caos que creamos”. Al final y al cabo, la ciudad de las estrellas seguirá brillando para todos nosotros.

Comentarios


© 2023 by Elia Montoya. Proudly created with Wix.com

bottom of page